Dónde alojarse en Rodas?
La más grande de las islas del Dodecaneso y con aires de hermana mayor, Rodas es también una de las más luminosas del Egeo. La llaman “Isla del Sol” y no es un simple eslogan: la luz se cuela por todas partes, rebota en las murallas medievales, en las fachadas encaladas de los pueblos y en las bahías de agua casi irreal, casi todo el año.
Aunque es muy turística y atrae a turistas que viajan en paquetes turísticos, tiene muchos rincones escondidos, especialmente en las costas este y oeste, donde encontrará alojamientos auténticos y tabernas acogedoras. Simplemente evite los lugares de moda.
La capital amurallada, con sus callejones de piedra y patios escondidos; sus pueblos blancos que miran al mar; pequeñas calas rocosas con agua turquesa hasta largas playas de arena. Veranos calurosos y secos e inviernos templados, con algunos rincones salvajes donde solo se oye el viento.
En nuestra selección, escogida con mimo y pensada para los viajeros que buscan, sobre todo, autenticidad, podrás encontrar casas de huéspedes dentro de las murallas, pequeños hoteles junto al puerto, villas con piscina escondidas entre olivares y casitas blancas que parecen nidos de amor, o villas perfectas para ir con la familia en zonas rurales o cerca del mar. Son alojamientos con encanto en Rodas que harán tu experiencia más auténtica e inolvidable.
• Los mejores pequeños hoteles boutique de Rodas
• Casas de huéspedes, B&B y alojamientos con desayuno casero
• Villas y casas de vacaciones con vistas al mar o en la campiña
• Escapadas románticas, retiros de bienestar y hoteles “adults only”
• Opciones para familias, amantes del senderismo, del mar y de los deportes de viento
Nuestras ciudades, pueblos y alojamientos favoritos en Rodas
Ciudad de Rodas: entre murallas medievales y puerto cosmopolita
La ciudad de Rodas tiene dos caras que se miran de reojo. Dentro de las murallas, el casco antiguo es un laberinto de callejas empedradas, plazas diminutas y patios donde la buganvilla se enreda en las fachadas. Bien pronto, por la mañana, se escucha el eco de los pasos sobre la piedra y el ruido de alguna persiana que se abre; durante el día el ajetreo es intenso y, a quien busca la calma, no le convienen estas paradas; por la noche, las tabernas iluminan los arcos y el aire huele a carbón y pescado a la brasa.
Fuera de las murallas, la Ciudad Nueva mira al mar. Los edificios art déco, los cafés llenos de vida, las tiendas de diseño alrededor de Mandraki y el paseo marítimo crean un ambiente mucho más urbano, casi mediterráneo-italiano por momentos. Desde aquí tienes playas, barcos que hacen paseos o van a otras islas y una buena red de autobuses para explorar el resto de Rodas si no tienes coche.
Para alojarse, es una base muy cómoda si quieres combinar historia y vida con más movimiento. En las calles puedes ver antiguas mansiones de piedra convertidas en pequeños hoteles, algunos de lujo y otros más económicos, tipo B&B. Hay posadas con patios interiores donde se sirve el desayuno bajo un limonero y algunos alojamientos de diseño cerca del puerto, pensados para quien viaja ligero y quiere tenerlo todo a mano.
Lindos: postal blanca bajo la Acrópolis
Llegar a Lindos siempre impresiona un poco. Desde la carretera solo ves una mancha blanca que se desliza colina abajo hasta el mar y, por encima de todo, la Acrópolis recortada contra el cielo azul. Una vez dentro, el pueblo te acoge con callejuelas estrechas, patios empedrados con guijarros, puertas de madera que se abren a casas tradicionales y buganvillas que casi tapan las fachadas.
Durante el día, las playas de la bahía de Lindos y la pequeña Pallas Beach viven al ritmo del sol y de los baños largos. Al caer la tarde, muchos suben a las azoteas para tomar algo antes de cenar; las terrazas se llenan de murmullos y, en verano, el pueblo recupera un poco del aire bohemio de los años sesenta, cuando era refugio de artistas y viajeros hippies.
Lindos gusta especialmente a parejas que buscan un ambiente romántico, a quienes sueñan con despertarse y ver la Acrópolis desde la terraza o bajar descalzos hasta la arena. Aquí encajan muy bien los pequeños hoteles dentro del propio pueblo, con terrazas que miran al mar o a las ruinas, suites en casas tradicionales con patios privados y algunos alojamientos junto a la playa para vivir casi siempre en bañador, entre el pueblo y la orilla.
Ialyssos y la costa oeste: brisa, deporte y puestas de sol
Ialyssos es una pequeña localidad junto al mar en la costa oeste de Rodas, a pocos minutos en coche de la ciudad de Rodas y del aeropuerto. Tiene un paseo marítimo largo, playas de piedra y algo de arena, y un viento casi constante en verano, perfecto para windsurf y kitesurf. En la parte interior del pueblo encontrarás tabernas, pequeñas plazas y un ambiente más local, por lo que es una base práctica si buscas combinar mar, deporte y visitas culturales.
Las playas son extensas, con piedra y arena, ideales para nadar, tumbarse a leer y ver cómo el cielo se va tiñendo de naranja al atardecer. Más al norte, cerca de la ciudad de Rodas, aparecen tramos de costa más urbanos, con todos los servicios, pero siempre es posible escaparse a una cala más tranquila si lo que te apetece es silencio.
Es una zona muy práctica si quieres combinar mar, deporte y visitas culturales sin pasar demasiado tiempo al volante. Piensa en pequeños hoteles de playa, resorts discretos que no se imponen al paisaje y alojamientos familiares desde los que resulta fácil llegar tanto a la ciudad como al aeropuerto. Aquí el día puede empezar en el agua y terminar con una cena sencilla en una taberna en la parte alta del pueblo.
Costa este: Faliraki, calas escondidas y Kalithea Springs
La costa este ofrece aguas más cálidas y, en general, más calmadas. Faliraki es probablemente el nombre más conocido, con una larga playa de arena, un ambiente animado en temporada y muchas opciones de ocio. Pero no te quedes solo con esa imagen: en cuanto te mueves un poco, aparecen pequeñas calas rocosas de agua transparente, perfectas para nadar a primera hora o hacer snorkel cuando el sol ya está alto.
Muy cerca están las termas de Kalithea Springs, un complejo histórico de arquitectura elegante, pérgolas y jardines frente al mar, con un aire casi cinematográfico. El contraste entre las rocas, el azul intenso del agua y los edificios blancos hace que incluso un café rápido tenga algo de pequeño ritual. Es un lugar ideal para pasar el día entre baños y paseos.
En esta franja de costa se mezclan pequeños boutique hotels literalmente a pie de playa, algunos con una escalerita privada que baja a calas tranquilas, con hoteles de bienestar donde el spa mira al mar y el ritmo baja de revoluciones. Un poco más hacia el interior, las villas con jardín y piscina privada son perfectas para familias o grupos de amigos que quieren espacio propio sin renunciar al mar cerca. Es una zona muy cómoda para instalarse unos días: el agua suele estar en calma, todo está a mano y, a pocos minutos en coche, siempre hay algún pueblo histórico, un mercado o un sitio interesante al que escaparse para darle un toque cultural al viaje.
Prasonisi: donde se encuentran dos mares
En el extremo sur de Rodas, Prasonisi parece casi el final de la isla. Aquí se encuentran el Egeo y el Mediterráneo y forman una lengua de arena que cambia de forma según las mareas y el viento. Un lado suele estar más bravo, con olas y ráfagas que atraen a windsurfistas y kitesurfistas de medio mundo; el otro es más sereno, con agua plana donde se aprende, se nada o se mira el espectáculo de las velas y cometas en el horizonte.
En pleno verano, el ambiente es relajado y deportivo. Se ven furgonetas, tablas apoyadas en la arena, escuelas de surf, ropa tendida al sol. Por la noche, cuando el viento baja y los surfistas se recogen, el silencio es casi total y se agradece la sensación de estar lejos de todo, rodeado de mar por todas partes.
El alojamiento aquí suele ser sencillo, tipo estudios y pequeños hoteles playeros, lo justo para dormir bien y volver al agua en cuanto amanece. Muchos viajeros combinan unos días en Prasonisi, llenos de acción, con estancias más tranquilas en el interior de la isla o en pueblos como Lindos o la ciudad de Rodas.
Valle de las Mariposas (Petaloudes): el refugio verde
Cuando el calor aprieta en la costa, el Valle de las Mariposas ofrece un tipo de verano distinto. El aire es más fresco, huele a resina y a agua, y el paisaje cambia de golpe: puentes de madera, pasarelas, cascadas pequeñas y sombras densas bajo los árboles. En los meses más cálidos, miles de mariposas se agrupan en los troncos y las rocas, creando esa sensación de estar entrando en un lugar que hay que pisar en voz baja.
Es una excursión perfecta para romper unos días de playa, sobre todo si viajas con niños o si te apetece darte un paseo. Los senderos están bien señalizados y, de tramo en tramo, aparecen bancos, miradores y pequeñas capillas.
En los alrededores, tanto en el interior como hacia la costa oeste, funcionan muy bien los pequeños hoteles rurales y las casas de huéspedes en medio de olivares y huertos de cítricos. Son alojamientos sencillos, a menudo familiares, para quienes prefieren despertarse con el sonido de los pájaros antes que con el de una carretera.
Oeste arqueológico: Kamiros y los pueblos de montaña
La costa occidental de Rodas tiene un aire más silencioso, menos turístico, como si la isla se hubiera quedado un poco al margen del ruido. Aquí se encuentra la antigua ciudad de Kamiros, con su trazado de calles, cisternas y templos, que permite imaginar cómo era la vida cuando este era un importante centro del comercio mediterráneo. Pasear entre las ruinas, con el mar al fondo, ayuda a entender mejor la historia de la isla.
Hacia el interior, la carretera sube entre bosques y colinas hasta llegar a pueblos de montaña, donde el ritmo es otro. Hay plazas con plátanos que dan sombra, tabernas que sirven cocina sencilla tradicional, bodegas familiares que producen vino en pequeña escala y miradores desde los que el mar parece más cercano de lo que marca el mapa.
Es una zona que suele atraer a viajeros interesados en la arqueología, en la historia antigua y en el lado más rural de Rodas.
Qué hacer en Rodas: naturaleza, cultura y mar
Rodas invita a moverse, pero sin prisas. Si te gusta caminar, hay rutas de senderismo y pistas de ciclismo que atraviesan el interior verde, entre pinares y olivares, con pequeñas iglesias, miradores y pueblos donde siempre aparece una taberna para reponer fuerzas. Primavera y otoño son especialmente agradables para estas escapadas.
El mar ofrece otra perspectiva de la isla. Las salidas en kayak, las excursiones en barco y el snorkel permiten descubrir calas a las que no se llega por tierra, paredes rocosas que caen a pico al agua y rincones donde solo se oye el chapoteo del remo. Desde algunos de nuestros alojamientos es fácil organizar pequeñas travesías de medio día o al atardecer.
La parte cultural va mucho más allá de la Ciudad Medieval. A los museos y palacios de la capital se suman yacimientos arqueológicos como Kamiros, monasterios en lo alto de las colinas y restos de distintas épocas que convierten la isla en un pequeño libro de historia al aire libre.
Si te interesa el vino, puedes seguir una ruta enológica por bodegas que elaboran variedades locales y probar blancos frescos que acompañan muy bien la cocina de mar. Y, para quienes buscan descanso profundo, cada vez hay más hoteles que proponen experiencias de bienestar junto al mar, con spas, clases de yoga y tratamientos sencillos, pensados para que llegues cansado y te vayas un poco renovado.
También merece la pena visitar alguna bodega que ofrezca catas para conocer mejor los vinos de la isla y entender cómo el clima y el suelo marcan el carácter de cada copa. Y, si te gusta explorar mercados, los puestos de fruta, especias y productos locales son una buena forma de llevarte un trozo de Rodas en la maleta: aceite, miel, hierbas secas o simplemente el recuerdo de haber pasado una mañana entre voces, colores y olores del Egeo.
Por ejemplo, una bodega como Emery, Kounaki o Alexandris, que ofrezca catas para conocer mejor los vinos de la isla y entender cómo el clima y el suelo marcan el carácter de cada copa. Y, si te gusta explorar mercados, como por ejemplo el de Rodas, Nea Agora, los puestos de fruta, especias y productos locales son una buena forma de llevarte un trozo de Rodas en la maleta: aceite, miel, hierbas secas o simplemente el recuerdo de haber pasado una mañana entre voces, colores y olores del Egeo.
Cuándo ir
Mejor en mayo, junio y desde finales de septiembre hasta octubre: hace buen tiempo, el mar está agradable y hay mucha menos gente que en julio y agosto, cuando el calor y la afluencia suben bastante.
Playas que merecen el desvío
Anthony Quinn Bay y Ladiko: pequeñas calas rocosas de agua verde esmeralda, perfectas para el snorkel. Insider tip: ve a primera hora de la mañana o al final de la tarde; a mediodía llegan los barcos de excursión y se llena rápido.
Tsambika: una larga playa de arena dorada y mar poco profundo, ideal si te gusta tumbarte y nadar sin oleaje. Insider tip: si madrugas, puedes subir a la pequeña ermita en lo alto de la colina antes de bajar a la playa; las vistas de la costa son espectaculares y suele haber muy poca gente.
Hoy, después de siglos de dominios griegos, bizantinos,, otomanos e italianos, ingles, y su incorporación final a Grecia en 1947, Rodas se percibe como una superposición de capas: se ve en la piedra y en los colores, se huele en las especias y el café, y se siente en cada gesto cotidiano.
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