Las Azores, vida de isla en mitad del Atlántico
La naturaleza ha sido generosa con las Azores. Lagunas de un verde intenso llenan los cráteres de los volcanes, las cascadas bajan por laderas empinadas y los prados terminan de golpe frente al azul profundo del Atlántico. Pero el paisaje es solo una parte de su atractivo. Las ciudades históricas, las callejuelas antiguas, las casas señoriales, los pequeños puertos y los pueblos muestran otra cara de un archipiélago que, lejos del continente, ha construido su propia manera de vivir.
Lo que hace tan interesante este destino es la variedad de sus nueve islas. São Miguel reúne lagunas volcánicas, aguas termales y las calles de Ponta Delgada. En Pico están la montaña más alta de Portugal, los viñedos y una larga relación con el mar. Terceira aporta historia y arquitectura al viaje, mientras que São Jorge, Flores, Graciosa y Corvo atraen a quienes buscan paisajes más tranquilos y la sensación de estar lejos de todo. Santa Maria, por su parte, tiene un clima más cálido y seco y algunas de las mejores playas de arena del archipiélago.
Las Azores recompensan sobre todo a quien disfruta de la naturaleza, de caminar y de moverse con libertad, sin horarios. Tanto si eliges un pequeño hotel boutique como una antigua casa señorial, una casita rural o una de esas casas de vacaciones tradicionales que a veces se llaman «adegas» (antiguas bodegas), los mejores alojamientos suelen ser pequeños, de trato cercano, y dan la sensación de formar parte del paisaje.
¿Por qué ir a las Azores? Cinco razones
- Caminar por paisajes volcánicos extraordinarios, bordeando lagunas que ocupan antiguos cráteres o siguiendo costas atlánticas salvajes.
- Ver ballenas y delfines en unas aguas por las que pasan más de veinte especies de cetáceos.
- Recorrer los asombrosos viñedos de Pico, cercados por muros de basalto negro al pie de la montaña más alta de Portugal.
- Bañarte en piscinas naturales entre rocas volcánicas, en lagunas formadas dentro de antiguos cráteres y en las aguas transparentes del Atlántico que rodean las islas.
- Saltar de isla en isla y comprobar lo distintas que son São Miguel, Terceira, Pico, Flores y sus vecinas más pequeñas.
Dónde alojarse en las Azores
Las Azores tienen una buena variedad de pequeños hoteles, pousadas (el equivalente portugués de los paradores), casas señoriales, casas de huéspedes y casas de vacaciones independientes.
Las casas de vacaciones y casitas repartidas por las islas pueden tener un encanto muy especial. Algunas ocupan antiguas casas de piedra o viejas adegas; otras son casitas y villas contemporáneas asomadas al Atlántico. Lo mismo sirven para una escapada romántica de dos que para quedarse una buena temporada en familia. Pico resulta especialmente atractiva para alojarse en plena naturaleza, mientras que Ponta Delgada tiene apartamentos y pequeños hoteles para quien prefiere una base urbana. En Flores y en las islas menos visitadas, las casitas y casas de huéspedes ceden todo el protagonismo al paisaje.
Si prefieres verlo todo de un vistazo, aquí tienes nuestra selección completa de hoteles y casas de vacaciones en las Azores, elegidos uno a uno.
São Miguel: lagunas volcánicas, aguas termales y Ponta Delgada
São Miguel es la isla más grande y más poblada del archipiélago y, para muchos viajeros, el primer contacto con las Azores. Ponta Delgada, su ciudad principal y una de las grandes puertas de entrada a las islas, se recorre bien a pie. Las calles empedradas en blanco y negro, las iglesias, las Portas da Cidade (los tres arcos del siglo XVIII que daban entrada a la ciudad desde el mar), los restaurantes y el puerto le dan un ambiente muy distinto al del interior rural.
Aun así, lo que más atrae de la isla es su naturaleza. Al oeste, Sete Cidades ocupa una enorme caldera volcánica, y en el centro la Lagoa do Fogo llena otro cráter espectacular. Más al este, Furnas vive marcada por la actividad geotérmica: fuentes termales, suelo humeante y el precioso jardín Terra Nostra.
Frente a la costa sur, el islote protegido de Vila Franca do Campo encierra, dentro de un antiguo cráter, una laguna casi circular donde bañarse. São Miguel mantiene además dos cultivos poco habituales en Europa: la piña, que crece en invernaderos, y el té, que cubre de verde las laderas de la costa norte.
¿Dónde alojarse?
Ponta Delgada es buena base para pequeños hoteles, B&B y apartamentos, sobre todo si te gusta tener restaurantes y vida de ciudad a mano. Para una estancia más cerca de la
naturaleza, mira hacia Furnas o hacia el norte y el este, más tranquilos, donde los hoteles rurales, las casitas y las casas de vacaciones están rodeados de ese verde tan propio de la isla.
Mira nuestros hoteles boutique, B&B y casas de vacaciones en São Miguel.
Pico: la montaña más alta de Portugal, vino y ballenas
Pico, la segunda isla más grande de las Azores, es famosa sobre todo por su montaña, la Montanha do Pico. Con 2351 metros, este volcán es el punto más alto de Portugal y domina todo el paisaje de la isla. Los senderistas con experiencia pueden subir a la cima, aunque con lo cambiante del tiempo atlántico la ascensión siempre debe prepararse bien.
Pero Pico no se acaba en la montaña. Abajo, junto al mar, se hace vino desde hace siglos en un paisaje insólito de parcelas diminutas protegidas por muros de piedra volcánica negra. La UNESCO reconoce hoy este paisaje de viñedos, y en torno a Madalena y Criação Velha la mezcla de cepas, basalto, montaña y océano no se parece a nada en el resto del archipiélago.
El mar también ha marcado la historia de Pico. Las antiguas comunidades balleneras y sus puestos de vigía siguen siendo parte del patrimonio de la isla, aunque hoy a las ballenas ya no se las caza: se las observa en su medio natural. La caza se abandonó en los años ochenta.
¿Dónde alojarse?
Pico es especialmente buena para alojarse en plena naturaleza: casitas de basalto restauradas, pequeñas cabañas privadas, casas de huéspedes, hoteles rurales y villas. Las casas tradicionales se integran de maravilla en el paisaje volcánico y son una base excelente para caminar, ver ballenas y recorrer los viñedos.
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Faial: la isla Azul y el puerto de Horta
Junto con Pico y São Jorge, Faial forma parte de las islas del Triángulo, en el Grupo Central. Se la conoce tradicionalmente como la «isla Azul», un nombre que se asocia a las hortensias que florecen aquí en abundancia.
Sus dos paisajes más conocidos difícilmente podrían ser más distintos. En el centro, la gran Caldeira es verde y frondosa. En el extremo occidental, Capelinhos es pura tierra volcánica. Entre 1957 y 1958, una erupción submarina que se prolongó durante trece meses le ganó al mar unos 2,4 km² de tierra nueva y dejó el viejo faro medio enterrado entre la ceniza, en un paisaje gris y desnudo que no se parece a ningún otro rincón de la isla. Junto al faro, un centro de interpretación cuenta cómo ocurrió.
Horta le da a la isla su carácter marinero. Su puerto lleva mucho tiempo recibiendo a los navegantes que cruzan el Atlántico, y las tripulaciones que hacen escala han ido dejando pinturas de colores en los muros del puerto deportivo. Según la tradición, el barco que zarpa sin dejar su pintura tendrá mala suerte en la travesía.
¿Dónde alojarse?
Horta funciona bien para pequeños hoteles y casas de huéspedes, sobre todo si vas a combinar Faial con Pico o São Jorge. Fuera de la ciudad, las casitas y casas de campo son una base más tranquila, entre prados y vistas al océano.
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São Jorge: acantilados, fajãs y una isla más tranquila
En mitad del Grupo Central está São Jorge, una de las islas más estrechas y menos visitadas de las Azores. Altos acantilados recorren buena parte de su costa, y a sus pies aparecen pequeñas franjas de tierra llana, las «fajãs» (llanuras costeras).
Las fajãs son uno de los paisajes más característicos de São Jorge. Unas nacieron de la lava y otras de desprendimientos, y muchas se han aprovechado desde antiguo para pequeños asentamientos y cultivos. La isla se disfruta especialmente a pie, con senderos que bajan entre prados verdes hacia la costa.
La otra seña de identidad de São Jorge está en los pastos. De la leche de sus vacas sale el famoso queso de São Jorge, curado, de sabor intenso y con un punto picante, otra buena razón para cruzar hasta aquí si te gusta comer bien.
¿Dónde alojarse?
São Jorge encaja con quien prefiere alojamientos rurales, casitas y casas tradicionales antes que los hoteles convencionales. Es especialmente buena para senderistas y parejas que buscan naturaleza, silencio y un ritmo de isla más pausado.
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Santa Maria: sol, arena clara y colinas suaves
Santa Maria es la isla más meridional de las Azores y suele tener un tiempo más cálido y seco que sus vecinas, lo que le ha valido el apodo de «isla del Sol». También el paisaje es distinto, con zonas más secas, campos ondulados y algunas de las playas de arena más bonitas del archipiélago.
Praia Formosa resulta especialmente singular en unas islas donde lo habitual son la roca volcánica y las piscinas naturales, no la arena clara. Es una media luna de arena fina de casi un kilómetro, entre dos cabos. En el nordeste, la bahía de São Lourenço forma un anfiteatro de viñedos en terrazas que bajan hasta el mar, con otra playa de arena y piscinas naturales entre las rocas. El agua transparente y la escala tranquila de la isla hacen de Santa Maria un buen lugar para nadar, caminar, bucear y hacer surf sin necesidad de llenar cada día de visitas.
¿Dónde alojarse?
Santa Maria es para quien busca pequeñas casas de huéspedes, casas tradicionales y alojamientos con cocina. Resulta muy agradable para parejas o familias que quieren unas vacaciones de isla más tranquilas y playas de arena a mano.
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Terceira: Angra do Heroísmo y la historia de las islas
Terceira une los paisajes verdes de las Azores con una de las ciudades históricas más ricas del archipiélago. Angra do Heroísmo fue durante siglos un puerto atlántico de primer orden, y su casco histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Las calles antiguas, las iglesias, las fachadas de colores y los edificios históricos merecen tiempo, y sería una pena usar la ciudad solo como lugar de llegada.
Lejos de Angra, Terceira vuelve enseguida a los pastos, los pueblos y los paisajes volcánicos. La Serra de Santa Bárbara se alza al oeste, y bajo tierra la isla guarda dos cuevas volcánicas muy distintas: el Algar do Carvão, una antigua chimenea volcánica por la que se desciende hasta un pequeño lago interior, y la Gruta do Natal, un túnel de lava de unos 700 metros que se recorre a pie.
¿Dónde alojarse?
En los alrededores de Angra do Heroísmo, las casas históricas y los pequeños hoteles con carácter convienen a quien quiere combinar cultura y excursiones por la isla. Si prefieres el campo, las casas rurales y de vacaciones ganan en tranquilidad sin quedar lejos de lo que más merece la pena ver.
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Graciosa: la tranquila isla Blanca
Graciosa es una de las islas más pequeñas del Grupo Central y Reserva de la Biosfera de la UNESCO. Conocida tradicionalmente como la «isla Blanca», tiene un paisaje más suave que Pico o São Jorge, con colinas bajas, viñedos, pueblos y un ambiente rural sosegado.
Lo más asombroso de su naturaleza está bajo tierra. La Furna do Enxofre es una gran cueva volcánica dentro de la Caldeira da Graciosa, donde se baja hasta una cámara impresionante con un lago subterráneo.
¿Dónde alojarse?
Graciosa tiene pocos alojamientos y todos pequeños: casas rurales, casitas y casas de huéspedes llevadas por gente de la isla. Es una isla para parejas y viajeros que eligen a propósito la calma antes que una larga lista de visitas.
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Flores y Corvo: cascadas, lagunas y el salvaje oeste
El grupo más occidental lo forman Flores y Corvo, la isla más pequeña de las Azores. Flores es de una exuberancia extraordinaria, con lagunas volcánicas, costas escarpadas y cascadas que bajan por laderas verdes hasta el mar. Se presta tanto a descansar sin hacer nada como a pasar el día caminando o en el agua.
En torno a Fajã Grande, el agua cae desde los altos acantilados que hay detrás del pueblo, y las zonas de baño naturales dan acceso al Atlántico cuando el mar lo permite. Su situación remota y la abundancia de agua dan a Flores un carácter claramente salvaje.
Más allá de Flores está la diminuta Corvo. Su gran referencia natural es el Caldeirão, el enorme cráter volcánico que domina el interior de la isla. La vida aquí transcurre a una escala insólitamente pequeña, y precisamente eso es lo que hace de Corvo un lugar tan curioso.
¿Dónde alojarse?
Flores es un lugar estupendo para casitas, casas de huéspedes y pequeños alojamientos en plena naturaleza. Corvo tiene muy pocos alojamientos y también se visita desde Flores, en barco o en un vuelo corto. Las dos convienen a viajeros independientes que no tienen problema en dejar que el tiempo decida los planes.
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Los mejores alojamientos de Secretplaces en las Azores según lo que buscas
Los paisajes de las Azores se prestan especialmente a alojamientos pequeños y con carácter. Una casita romántica rodeada de verde da unas vacaciones muy distintas de las de un apartamento en Ponta Delgada o una casa de basalto frente a los viñedos de Pico.
Para parejas, nuestros hoteles y escapadas románticas en las Azores reúnen pequeños hoteles boutique, casitas apartadas y casas para dos. Pico, São Jorge y el campo de São Miguel resultan especialmente atractivos si lo que prima es la intimidad y la naturaleza.
Si quieres estar rodeado de paisaje, nuestros alojamientos en plena naturaleza y hoteles rurales en las Azores incluyen casas rurales, casitas y pequeños hoteles lejos de las ciudades principales. Pico y São Jorge son la elección natural, y Flores es todavía más salvaje.
Las familias y quienes se quedan más tiempo pueden echar un vistazo a nuestras casas de vacaciones y alojamientos con cocina en las Azores. Las villas, los apartamentos y las casas independientes dan más espacio y flexibilidad, sobre todo en São Miguel y Pico.
Para una estancia más refinada, nuestros hoteles de lujo en las Azores apuestan por alojamientos pequeños, en entornos bonitos, con un diseño cuidado y un trato personal, lejos del estilo de los grandes complejos.
Si miras el presupuesto, también tienes nuestros hoteles económicos y casas de huéspedes en las Azores, con alojamientos sencillos, llevados por gente del lugar y con mucho carácter.
En cuanto a hoteles y casas de vacaciones para familias en las Azores, São Miguel es la opción más completa y sencilla, con la mayor variedad de actividades y alojamientos. Las casas con cocina funcionan especialmente bien para estancias largas, y Santa Maria merece la pena si la playa y el baño ocupan un lugar alto en tu lista.
Para escapadas enológicas en las Azores, Pico es el destino evidente. Su paisaje de viñedos, reconocido por la UNESCO, da al enoturismo una profundidad cultural que va mucho más allá de las catas: los muros, las bodegas, los caminos y las cepas cuentan cómo los isleños adaptaron la agricultura a una costa volcánica y expuesta.
Qué ver y hacer en las Azores
Senderismo y paisajes volcánicos
La naturaleza es el gran atractivo de las Azores, y caminar es una de las mejores maneras de vivirla. Todas las islas tienen buenas rutas a pie, ya sea alrededor de las lagunas volcánicas de São Miguel, por los senderos empinados que bajan a las fajãs de São Jorge o entre los paisajes llenos de agua de Flores.
Para los senderistas con más experiencia, subir a la Montanha do Pico es el gran reto de montaña del archipiélago. En el resto de las islas, caminar tiene menos que ver con conquistar cumbres que con seguir caminos antiguos entre pastos, bosques, pueblos y terreno volcánico.
La historia volcánica continúa bajo tierra. Tubos de lava, cuevas y cavidades volcánicas se reparten por las islas, mientras que en Furnas, en São Miguel, la actividad geotérmica sale directamente a la superficie. La Furna do Enxofre, en Graciosa, y las cuevas volcánicas de Terceira dan otra perspectiva de las fuerzas geológicas que formaron el archipiélago.
Si el viaje lo permite, conviene visitar más de una isla: es la mejor manera de comprobar lo distintas que son entre sí. El Geoparque Mundial de la UNESCO de las Azores reúne geositios repartidos por las nueve islas, y cada uno muestra una parte distinta de su historia volcánica.
Avistamiento de ballenas y delfines
Por las aguas que rodean las Azores pasan más de veinte especies de ballenas y delfines, y salir a verlas es, para muchos, el mejor recuerdo que se llevan de las islas. Los barcos salen desde varias de ellas, entre otras São Miguel, Pico, Faial y Terceira. Los cachalotes se ven durante todo el año, igual que varias especies de delfines. En primavera, más o menos de marzo a mayo, pasan además las grandes ballenas en su migración hacia el norte: la ballena azul, el rorcual común y el rorcual boreal.
Pico, en particular, tiene un vínculo estrecho con las ballenas. La caza ballenera formó parte de la economía y la cultura de la isla, pero los antiguos puestos de vigía sirven hoy para localizar ballenas y delfines y observarlos.
Elige una empresa con experiencia y responsable, que respete las distancias obligatorias y no moleste a los animales. El placer de verlos aquí está precisamente en encontrarlos en su medio natural, en pleno Atlántico.
Baño, surf y actividades al aire libre
Las Azores dan para mucho más que caminar. El surf, el buceo, la bicicleta, los paseos a caballo, el kayak y otras actividades al aire libre son posibles en todo el archipiélago.
Bañarse aquí suele significar algo distinto que en otros lugares del sur de Europa. En lugar de largas playas de arena, muchas islas tienen piscinas naturales y zonas de baño formadas por roca volcánica. Santa Maria destaca por sus playas de arena, y São Miguel combina playas, zonas de baño naturales y varias zonas de surf conocidas, como la playa de Santa Bárbara, en la costa norte.
El clima suave permite también jugar al golf. São Miguel tiene los campos de Furnas y Batalha, y Terceira tiene también el suyo, así que el golf puede encajar en unas vacaciones centradas en la naturaleza.
Gastronomía, vino y vida isleña
La cocina de las Azores está muy unida al paisaje y al mar. La ganadería lechera tiene una larga tradición, sobre todo en São Jorge, con su queso tan característico, y el Atlántico aporta pescado y marisco frescos.
En São Miguel crecen dos cultivos que casi no existen en el resto de Europa. La piña madura en invernaderos tradicionales; los de A. Arruda, en las afueras de Ponta Delgada, se pueden visitar. En la costa norte se cultiva té: Gorreana, fundada en 1883, es la plantación de té más antigua de Europa que sigue en funcionamiento, y muy cerca está la de Porto Formoso. En las dos se visita la fábrica y se prueba el té. En Furnas, el calor geotérmico se usa incluso para preparar el «cozido», un cocido de carne y verduras que se hace lentamente enterrado en el suelo volcánico, durante unas seis horas.
La cultura del vino de Pico es igual de singular. Cultivar viñas en un terreno volcánico tan expuesto obligó a generaciones de isleños a crear pequeñas parcelas protegidas por muros de basalto negro. Hoy estos viñedos son a la vez un paisaje agrícola vivo y una de las imágenes que definen la isla.
Uno de los placeres de viajar entre varias islas es ver cómo cambian los productos locales de una a otra. Conviene no llenar demasiado la agenda y guardar tiempo para lo pequeño: un restaurante de pueblo, una panadería, una quesería o una bodega.
Historia y cultura local
La naturaleza se lleva la primera impresión, pero las ciudades y los pueblos también merecen su tiempo. Los portugueses poblaron las islas a partir del siglo XV, y durante siglos vivieron de la agricultura, la pesca y una posición estratégica en las rutas marítimas del Atlántico.
Angra do Heroísmo, en Terceira, es la expresión más clara de esa historia, con un centro declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y una arquitectura histórica muy bien conservada. Ponta Delgada aporta otra mirada urbana, mientras que en las islas más pequeñas la historia se cuenta de forma más discreta, a través de casas señoriales, ermitas, puertos antiguos, molinos de viento y casitas de piedra negra.
Consejos para viajar a las Azores
Cuándo ir
Las Azores tienen un clima marítimo suave todo el año, aunque el tiempo cambia deprisa. En un mismo día pueden pasar nubes, sol, viento y lluvia (las cuatro estaciones en una tarde, como se suele decir), sobre todo en las zonas altas.
En la costa, la temperatura media va de unos 14 °C en febrero a unos 22 °C en agosto, y en pleno verano las máximas rondan los 25 °C. En las zonas altas refresca bastante más. El agua del mar ronda los 16-17 °C en invierno y llega a 23-24 °C en agosto y septiembre, los mejores meses para bañarse.
Entre finales de la primavera y principios del otoño hay más posibilidades para caminar, bañarse y saltar de isla en isla. Julio y agosto son los meses de más afluencia; la primavera y el comienzo del otoño son buenas épocas para quien prefiere islas más tranquilas y viene sobre todo por la naturaleza y las rutas a pie.
Cómo llegar
La mayoría de los viajeros internacionales llegan en avión, con São Miguel y Terceira como principales puertas de entrada. Desde España, Azores Airlines mantiene un vuelo directo entre Barcelona y Ponta Delgada; desde otras ciudades, lo habitual es hacer escala en Lisboa u Oporto. Otras islas tienen también aeropuerto y están conectadas por vuelos interinsulares.
Moverse entre las islas
Las nueve islas se reparten en tres grupos geográficos: el Grupo Oriental, con São Miguel y Santa Maria; el Grupo Central, con Terceira, Graciosa, São Jorge, Pico y Faial, y el Grupo Occidental, con Flores y Corvo. Conviene tenerlo en cuenta al planear un viaje por varias islas, porque las distancias entre grupos son considerables.
Los vuelos entre islas los opera SATA Air Açores, la aerolínea regional, que une las nueve islas con aviones pequeños. Los trayectos duran entre veinte minutos y una hora, y en verano conviene reservar con tiempo porque las plazas se agotan pronto.
Los ferris son especialmente útiles dentro del Grupo Central. Pico, Faial y São Jorge se combinan con naturalidad, y la corta travesía entre Faial y Pico facilita incluir las dos en el mismo viaje. Todos los barcos entre islas son de una misma compañía, Atlânticoline. Algunas líneas funcionan todo el año, como la de Faial a Pico (unos treinta minutos de travesía) o la de Flores a Corvo; en primavera y verano se añaden otras que enlazan el resto de las islas. Algunos ferris admiten coches, aunque no todas las empresas de alquiler permiten sacarlos de la isla, y con mala mar se cancelan travesías. Para las islas más alejadas entre sí, lo práctico suele ser el avión.
¿Hace falta coche en las Azores?
En la mayoría de las islas, sí. Alquilar un coche da mucha más libertad para llegar a miradores, inicios de sendero, piscinas naturales, pueblos pequeños y alojamientos rurales. Ponta Delgada y Angra do Heroísmo se pueden recorrer a pie, pero el transporte público se queda corto para moverse con flexibilidad por toda la isla.
No hace falta un coche potente: un utilitario basta para casi todas las carreteras, y un coche pequeño se maneja mejor en las calles estrechas de los pueblos. Las carreteras principales están asfaltadas y en buen estado; las secundarias, las que bajan a la costa o suben a los miradores, son más estrechas y empinadas, con curvas cerradas, sobre todo en São Jorge y en algunas zonas de Pico. Hay que contar con la niebla, que en las zonas altas aparece en pocos minutos, y con las vacas, que a veces comparten la carretera. La mayoría de los coches de alquiler son de cambio manual; si quieres uno automático, o si viajas en julio o agosto, reserva con mucha antelación, porque la flota de cada isla es limitada.
No subestimes las distancias porque una isla parezca pequeña: entre curvas, cuestas y paradas, cualquier trayecto lleva más tiempo del previsto. Aquí, tardar un poco más en llegar tiene su recompensa: casi siempre hay un mirador que merece la parada
Preguntas frecuentes sobre las Azores
¿Cuál es la mejor isla de las Azores para una primera visita?
São Miguel es la opción más sencilla para un primer viaje, porque reúne lagunas volcánicas, aguas termales, playas, rutas a pie, restaurantes y la mayor variedad de alojamientos del archipiélago. Pico o São Jorge encajan con quien ya sabe que quiere unas vacaciones más tranquilas y rurales.
¿Cuántas islas de las Azores conviene visitar?
Es mejor conocer bien unas pocas que coleccionar las nueve. Para una semana, una o dos islas suelen bastar. Con más tiempo, Pico, Faial y São Jorge forman una combinación especialmente natural.
¿Qué islas de las Azores son mejores para ir en pareja?
Pico y São Jorge son excelentes para estancias rurales y románticas en plena naturaleza, mientras que Furnas, en São Miguel, combina bosque, piscinas termales y alojamientos íntimos. Flores es una elección estupenda para parejas que buscan de verdad el aislamiento y a las que no les importa adaptar los planes al tiempo.
¿Son las Azores un buen destino para ir con niños?
Sí. São Miguel es la isla más fácil para familias, porque tiene la mayor variedad de actividades y alojamientos. Las casas de vacaciones con cocina y las villas son también muy prácticas para las familias que quieren más esp
¿Dónde alojarse para hacer senderismo en las Azores?
São Jorge es especialmente buena para las rutas que bajan a las fajãs; Pico, para quien piensa subir a la montaña, y São Miguel, para quien quiere la mayor variedad de senderos. Flores es una elección excelente para caminantes que prefieren paisajes más salvajes y un ritmo más tranquilo.
¿Son las Azores un destino de playa?
No en el sentido habitual. Las islas son más conocidas por las piscinas naturales volcánicas, las zonas de baño entre rocas y las pequeñas playas que por largas extensiones de arena. Santa Maria es la opción más clara si las playas de arena son importantes para ti, mientras que São Miguel combina varias playas con una variedad de paisajes mucho mayor.
¿Dónde se puede hacer surf en las Azores?
La referencia es la costa norte de São Miguel, sobre todo la playa de Santa Bárbara, cerca de Ribeira Grande: una larga playa de arena negra donde se han celebrado pruebas del circuito mundial de surf (WSL). Terceira y las fajãs de la costa norte de São Jorge tienen olas potentes, para surfistas con experiencia. Para aprender van bien Praia Formosa, en Santa Maria, y Santa Bárbara los días de mar tranquilo. El verano trae olas más suaves; el invierno, las grandes marejadas del norte.
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